

¿Hay niños vagos?
Esta es una de las
preguntas más extendidas cuando buscamos la causa de los problemas de fracaso
que tienen los niños en edad escolar. Y la respuesta es NO. Todo ser humano
cuando viene al mundo está predeterminado para adaptarse a toda velocidad a un
medio totalmente desconocido con el objetivo primordial de sobrevivir en él.
Todo lo que le rodea es una fuente irresistible de información del medio en el
que debe desenvolverse y sabe que no puede dejar de lado ninguna pieza de
información porque todas arrojan luz sobre lo que está pasando en su entorno.
Desde que un niño nace
hasta que su organización cerebral está madura su principal meta es averiguar
para qué sirve o qué carácter tiene todo lo que le rodea. Los padres y
educadores sabemos –por instinto- que un niño sano es aquel que no para y
que, casi sin saber hablar, nos bombardea con preguntas sobre lo divino y lo
humano.
Método científico
infantil
Cuando un niño no sabe
hablar se dedica a investigar y para ello se ayuda de lo que llamamos Método
Científico Infantil... Observa, huele, chupa y mueve cerca de su oído
cualquier objeto que está a su alcance. Luego lo estrella contra el suelo para
obtener datos y proseguir la investigación con los componentes que aparezcan en
su interior.
Cualquier objeto cumple las
premisas iniciales para ser incluido como objeto de análisis para desesperación
de los padres que, progresivamente y a medida que crece, vamos aumentando el
nivel de altura de los objetos preciados de la casa.
¿Alguien conoce un científico
bebé vago?. Por supuesto que no. Sólo si está enfermo o tiene problemas se
comporta de manera diferente y rechaza la tarea obsesiva de investigación. Esto
mismo se puede aplicar a cualquier edad. Un niño en edad escolar que no se
preocupe de descubrir el medio por la acción o la palabra y las posibilidades
de su cuerpo mediante el juego es que le pasa algo que le impide contar con los
recursos necesarios para alcanzar sus objetivos.
Para que un niño pueda
desarrollar esta tarea titánica durante los primeros años de su vida es
necesario que haya desarrollado de forma conveniente sus herramientas científicas
que nos son otras que sus sentidos.
La percepción sensorial se
sustenta en dos componentes: el órgano anatómico sensor y el cerebro que
procesa esa información. Si la maduración de las áreas cerebrales que
integran la información producida por un sentido no es la adecuada los objetos
analizados con este sentido dejan de ser todo lo interesantes que debieran y
dejan de atraernos porque no podemos extraer información relevante Si la
maduración de las áreas cerebrales que integran la información producida por
un sentido no es la adecuada los objetos analizados con este sentido dejan de
ser todo lo interesantes ni sacar reglas más generales que nos sirven en el
futuro con otros objetos similares.
Sólo en el caso
excepcional de que se sienta estimulado extraordinariamente por su madre, padre
o educador, el niño hace acopio de todos sus recursos y produce un resultado
original para asombro inicial de ellos. El problema llega cuando pasado el
asombro se les pide que realice otra vez el portento, con el razonamiento de que
si lo ha realizado una vez tiene los recursos necesarios para repetir la hazaña.
Pero no es cierto. Lo normal es que le falten...
Pero esta situación de
falta de madurez sensorial y de apartarse del medio por la falta de recursos
necesarios no es definitiva. En los Institutos Fay, institución de apoyo al
escolar con problemas, mediante técnicas de estimulación sencillas y
efectivas, en las que hacemos experta a la madre del niño con problemas, el
pequeño madura a los niveles necesarios para que el medio sea esa fuente de
información inagotable y consistente dotación de los recursos necesarios.