La
mayor parte de la gente -y de los pediatras-
ignora que gatear siendo pequeños es básico
para desarrollar correctamente el cerebro. El
gateo desarrolla la visión, la tactilidad, el
habla, el equilibrio, la manualidad, la
orientación y la propiacepción además de
otras importantes funciones. Pero actualmente
los niños apenas gatean. Pasan del parquecito a
estar de pie y ese hecho puede tener unas
repercusiones de las que nos habla Carlos
Gardeta, experto en estimulación multisensorial
y director de los Institutos Fay.
Hoy
la mayoría de los bebés ni se arrastran ni
gatean lo suficiente. Pasan casi sin solución
de continuidad de la inmovilidad a estar de pie
y corriendo. Salvo en casos excepcionales, no se
les da la oportunidad de moverse a sus anchas
por el suelo porque están en taca-tacas,
parquecitos de diversos tamaños, sillitas,
tronas o los acogedores brazos de mamá. Y se
trata de un tremendo error que puede causar
multitud de disfunciones importantes cuando esos
niños crecen.
DISTINTOS NIVELES, TODOS
NECESARIOS
Como sabe el lector, el primer nivel de
organización cerebral del movimiento consiste
en mover los miembros del cuerpo por separado.
Esto lo hacen los bebés ya desde la cuna. Es un
nivel organizativo muy primario al que sigue
otra fase que es el arrastre. En este nivel, los
niños se impulsan con uno o ambos brazos y con
una o ambas piernas para desplazarse. Periodo de
arrastre que culmina con el arrastre en patrón
cruzado (brazo derecho sincronizado con pierna
izquierda y al revés), momento en el que
empiezan a establecerse conexiones a través del
cuerpo calloso cerebral -la estructura que
posibilita la coordinación entre los dos
hemisferios cerebrales- para que pueda aparecer
el gateo, que es el siguiente nivel de
organización motora.
El gateo desarrolla la visión, la tactilidad,
el equilibrio, la propioacepción, el movimiento
grueso o desplazamiento con el cuerpo y el
movimiento fino o manualidad, la orientación y
discriminación espacial de fuentes acústicas y
la futura capacidad de escritura en un solo
ejercicio. Además integra los diferentes
subsistemas del movimiento que componen otros
muchos más complejos como andar, correr, jugar
al fútbol, al tenis, etc. Por tanto, si el
gateo se desarrolla correctamente se favorecen
las conexiones futuras de todo tipo entre los
dos hemisferios cerebrales. Y de estas
conexiones depende el correcto desarrollo de
funciones cognitivas y de movimiento más
complejas.
LA IMPORTANCIA DEL GATEO
A la somera enumeración de algunos de
los argumentos que permiten afirmar la
trascendencia que para todos los órdenes del
desarrollo humano tiene la fase del gateo
podemos añadir, ya de forma más detallada,
estos otros:
1) El gateo conecta los hemisferios
cerebrales y crea rutas de información.
El gateo es una de las bases fundamentales para
el desarrollo cerebral y educativo del niño.
Crea rutas de información neurológicas entre
los dos hemisferios, es decir, facilita el paso
rápido de información esencial de un
hemisferio a otro. Las rutas creadas no sólo
valen para sentar las bases de las funciones
superiores de movimiento sino que son
precursoras de conexiones que servirán para, a
su vez, crear otras conexiones entre los dos
hemisferios y que son cruciales para la maduración
de las diferentes funciones cognitivas.
2) Desarrolla el patrón cruzado.
Este patrón es la función neurológica que
hace posible el desplazamiento corporal
organizado y en equilibrio del cuerpo humano.
Implica que el brazo derecho va sincronizado con
el pie izquierdo y el brazo izquierdo con el pie
derecho. Se llama patrón cruzado porque hay dos
ejes cruzados. Mediante el apoyo en equilibrio
sobre las dos extremidades opuestas el ser
humano puede desplazarse, avanzar las dos
extremidades del otro eje y, al tiempo,
encontrar nuevos puntos de apoyo que serán la
base del siguiente desplazamiento.
Ese movimiento comprende el del eje de las
caderas y el de los hombros. Estas
articulaciones se mueven en rotaciones
contrarias entre sí al avanzar gateando y crean
una torsión relativa de la columna en cada
sentido en función del eje actuante. Dicha
torsión posiciona correctamente y sin sufrir
presiones extrañas las vértebras y los discos
intersticiales, además de tonificar
adecuadamente los músculos que más adelante
permitirán que el niño mantenga la columna
perfectamente erecta cuando esté maduro para
poder ponerse de pie
3) Desarrolla el sistema vestibular y el
sistema propioceptivo.
Ambos sistemas permiten saber dónde están
las partes del cuerpo de uno. Por un lado, el
sistema vestibular activa la emisión de señales
de los dos laberintos del oído al cerebelo para
que el cerebro sepa constantemente en qué
posición está la cabeza y así tenga un punto
imaginario que le permita luego referenciar
(colocar) todo el cuerpo respecto a esa posición.
Este sistema vestibular se integra y complementa
con el otro que hemos mencionado: el
propioceptivo. Lo que se denomina propioacepción
consiste en saber dónde están todos y cada uno
de los puntos del propio cuerpo, lo que permite
mandar órdenes precisas a cada uno de ellos y
llegar a moverlo, así como cada una de sus
partes con las otras de forma armónica y rítmica.
Por tanto, gracias a los sensores vestibulares
alojados en la cavidad auditiva el niño sabe dónde
está su cabeza y coloca y ordena en su imagen
cerebral toda la información que va recibiendo
del cuerpo. Esto le permite modular con precisión
increíble la secuencia de cualquier movimiento.
Para entender esto más rápidamente el lector
puede imaginar que tuviera una pierna dormida
que no mandara información al cerebro o que,
aunque lo hiciera, no le llegara por no tener
suficiente riego sanguíneo. No podría andar
porque no sabría dónde está la pierna. Buen,
pues de que uno sepa "dónde tiene cada uno
de los miembros que lo constituyen" se
encarga el sistema propioceptivo.
4) Desarrolla la convergencia visual y
posibilita el enfoque de los ojos.
Al mirar al suelo para colocar la mano o la
rodilla convenientemente, el niño converge o
enfoca los dos ojos en un mismo punto a corta
distancia. Cuando mira a dónde va, a unos tres
metros por lo menos, coloca con los ojos la
convergencia en un punto infinito. Éste es un
estupendo ejercicio muscular para los ojos que
facilita la acomodación visual. Y es tal su
importancia que, según estudios de optómetras,
el 98% de los niños con estrabismo no gatearon
lo suficiente de pequeños. También parece que
los ojos vagos están relacionados con un mal
desarrollo de las convergencias.
5) Desarrolla la oposición cortical.
En el gateo, la cabeza está en un plano y la
palma de la mano en otro. El niño siente la
tactilidad de la palma que está viendo. Esto es
fundamental para desarrollar luego la oposición
cortical -es decir, en la corteza del cerebro-
de que el dedo gordo de la mano se opone a los
otros cuatro. El desarrollo de esta función en
las manos es la que permite servirse de ellas y
asir los objetos. Y esa manualidad fina es
esencial para luego poder escribir. Además, al
masajear la palma de la mano ésta envía
información al cerebro de dónde está y de las
diferentes sensaciones que va sintiendo al
moverla y apoyarse, así como de los estímulos
producidos por la textura y otras características
del medio que está presionando. Por otro lado,
al gatear el niño apoya su peso en las palmas
de las manos y soporta esa tensión en las
articulaciones de las muñecas, de los hombros,
de la columna vertebral, de los fémures y de
las caderas. Así percibe la oposición de la
gravedad y aprende a manejarse con ella.
6) Le ayuda a medir el mundo que le rodea y
el niño se adapta al medio
La distancia que hay entre los ojos y la palma
de la mano al gatear es una medida fundamental
-la braza- en todas las civilizaciones. Con esa
nueva medida corporal el niño mide el mundo
circundante y se adapta más eficientemente al
medio porque lo mide constantemente y va
retomando información espacial ordenada. Por
eso cuando se entra de mayor en una casa donde
se pasó la infancia uno la percibe como más
pequeña de lo que era porque entonces la propia
medida de la braza era menor.
7) Ayuda a establecer la futura lateralización.
En el nivel de desarrollo posterior al gateo
comienzan los primeros procesos corticales de
lateralización. Con él uno de los hemisferios
se convierte en dominante y el otro en servidor
para no tener que operar con ambos a la vez. Al
conectar los dos hemisferios gracias al gateo se
facilita acudir más rápidamente a funciones más
complejas que requieren de ambos hemisferios y
de áreas cerebrales no simétricas y
diferenciadas. Un niño pequeño que va a coger
una naranja echa las dos manos a la vez porque
la orden llega simultáneamente a los dos
hemisferios. Un niño con un nivel de organización
superior coge la naranja que le mandan rodando
con una mano o con otra dependiendo de si está
a un lado o a otro, o de si está en un nivel
superior de organización (de si es más diestro
o más zurdo).
8) Ayuda a poder escribir en el futuro.
Mediante el gateo se va desarrollando la
coordinación cerebral ojo-mano. Cuando
el niño gatea se establece entre ambos una
distancia similar a la que más adelante habrá
entre ojo y mano a la hora de leer y escribir.
Por tanto, el gateo favorece decisivamente la
aparición temprana de ambas funciones -leer y
escribir- con los beneficios adicionales que
ello conlleva intelectualmente.
CÓMO PROMOVER EL GATEO
Desgraciadamente, a pesar de que se sabe
que el movimiento tiene una importancia esencial
en el desarrollo funcional de la persona, no hay
ninguna línea o escuela que lo fomente como
mecanismo de desarrollo de la organización
cerebral infantil excepto la iniciada en 1930
por el doctor Temple Fay y de la que soy
directo sucesor. Por eso en la institución que
dirijo damos al gateo la importancia que sabemos
que tiene y fomentamos su desarrollo. Si tiene
un bebé, le recomendamos lo siguiente:
-Busque un suelo limpio, liso, seguro,
acogedor, cálido y mantenga al pequeño en
él todas las horas que le sea posible pero, al
menos, una hora al día. Entonces, él solito
empezará a aprender. Y si no lo hace en
Institutos Fay conocemos las técnicas de
estimulación necesarias para un desarrollo armónico
integral del cerebro gracias al cual aprende
primero a arrastrarse y luego a gatear.
-No le fuerce a ponerse de pie. Si no está
preparado le creará inseguridad. El niño es
consciente de que se le lanza un desafío para
el cual no está preparado y fracasa. Lo mejor
es que empiece a andar por sí solo, primero dos
pasitos, luego tres... Hay que entender que en
el gateo el niño se apoya en dos puntos pero
para ponerse en pie ha de estar lo
suficientemente bien organizado cerebralmente
como para apoyarse en un solo punto -el pie- y
mantener el equilibrio. Poner de pie al niño,
sentarle en una sillita o montarle en un
taca-taca sin que tenga la musculatura preparada
para mantener el tronco erecto hace trabajar
incorrectamente a un sistema que no está maduro
y en muchos casos provoca deformidades en la
columna como la escoliosis.
-Uno de los sitios que le hace ponerse de pie es
el parquecito pero no desarrolla el gateo. No
está mal tenerlo un ratito ahí pero luego
hay que dejar que el niño gatee, que
recorra la casa, que es lo mejor. Puede utilizar
el cochecito para llevar al niño de un sitio a
otro cuando todavía no ande pero evite abusar
de estos y otros aparatos que retardan el
desarrollo del movimiento.
-Lo mejor es permitir que maduren y se
asienten las fases previas al andar, que son
arrastrarse y gatear. Si estas fases han sido
desarrolladas correctamente cuando el niño se
ponga de pie no tendrá problemas. Si no gatean
no es que no se logre la organización cerebral
pero normalmente se retrasará el desarrollo.
-Gatear persiguiendo una pelota es mucho
más efectivo que poner una alfombra colorida en
el suelo porque cuando el niño es capaz de
converger con los dos ojos el proceso superior
es el seguimiento visual que estimula el
desplazamiento del pequeño en persecución de
un objeto que se mueve.
QUE GATEE A SUS ANCHAS
Es muy típico que los niños que se
ponen de pie sin tener desarrollado todo el
sistema se queden como confundidos, miren
alrededor, se asusten por no lograr mantener la
posición tan perturbadora, bajen al suelo y
pasen de nuevo una temporada gateando. Cuando el
sistema de funciones cerebrales necesarias esté
lo suficientemente maduro por sí mismo o
convenientemente estimulado, el propio niño se
pondrá de pie. Los primeros pasos suelen
aparecer alrededor del año de vida. Entre los
16 meses y los dos años se afirma la
bipedestación. Pero no pasa nada porque el niño
alterne gateo y bipedestación. Y no sólo no
pasa nada sino que, además, ésta es la técnica
-el gateo convenientemente modulado- que
utilizamos en Institutos Fay para acelerar la
organización cerebral en niños sin problemas o
en niños o adultos que presenten alguna
dificultad visual, de coordinación, cuando las
caderas no están bien formadas porque el niño
haya carecido de la oportunidad de arrastrarse y
gatear, por malformación o no formación del
cuerpo calloso cerebral, etc. A todos los
ponemos en el suelo para que gateen a sus anchas
porque, insisto, sabemos de la trascendencia del
gateo, una actividad que puede parecer primaria
y básica pero que es fundamental para nuestro
desarrollo completo como seres racionales.
Carlos Gardeta Oliveros
Director de "Institutos Fay para la
Estimulación Multisensorial"